Jinete de caballos muertos (fragmento)

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Red de peces, obra de Joel Rendón para la portada del libro Como un pez rojo (UAM, 2016).

Era un experto jinete
De caballos de feria
Pero un día
Apagué la luz aquí
Y al encenderla
No reconocí nada
Todo era otra cosa
Se llamaba distinto
Estaba tan lejos
Que no reconocí nada
Salvo los ojos de mi abuelo
Al que nunca había visto
Me levantó en vilo
Y me subió a un caballo
Tan fácil, pensé
Antes de gritar
Aterrorizado
Cuando el animal dio el primer paso
Era un experto jinete
De caballos inertes
Pero una muchacha
Victoria, como mi abuela
Tomó la rienda
Y caminó por delante
Hasta que la luz del día se fue
Dejé de gritar
En algún momento
Supongo

Tiritaba de frío
Bajo la oscuridad visible
En silencio
Con el sol tropical
Zapateando sobre mi sombrero

Ahora vienen cuando les llamo
Vuelan con las castañuelas de sus cascos
Haciendo pedazos la grava de los sueños
Aunque ya no peso nueve años
Me llevan todavía
Sobre su lomo
A la peña, de un salto
A la isla, en un barco
Todo lo empezó, dicen
La Chaca Revolcada
De ahí vinieron los demás
Incluso mi Libertad
Sobreviviente única
Y no ha pasado ni un siglo
El Piscuyo, más que un caballo
Era un pájaro de pequeño y acelerado corazón
Del Capulín no queda en este cuarto oscuro
Sino el estruendo de una pistola
Y un cuerpo magnífico desplomándose
A la Cuadrillera, mula ciega de vieja
Se la vio chocar contra los palos tanto tiempo
Que era ya un fantasma o un milagro
En el Cachetón la selva era tan corta y tan simple
Como en el Diablo, un corral, tan largo tan largo
Pero, ¡carajo!
Qué manía de montar caballos muertos

Hoy en la higuera
Duermen pavorreales
De mil colores
Cada tarde los miro subir al techo
Titubear
Quizá incluso volver al suelo
Pero al fin, poco antes de que caiga el sol
Subir con torpes alas su cuerpazo
Colareada gigantesca
Volar
Veinte metros
E incrustarse en mitad de su follaje
Antes
Sus raíces aéreas
Cercaban el mundo
Lodazal
El pozo y el estanque
Flotaban
Entre barro y estiércol
Corríamos
Tras los becerros y el rehilete de su cola
Mientras sus madres
Soñaban
Enfrascadas en la labor de rumiar
Con la mirada perdida
Multipliqué
Los nueve años por cinco
Y la perilla de enfoque
Logró al fin
Nitidez
¿Para qué?
Ya no veo
Sino pavorreales
Exactos
Donde antes había tantas cosas
Borrosas
Pringadas de lodo
Y risa

Si enfocas los ojos solamente
No escucharás
La lengua ladina
Quizá asome una nube
De inaccesible aroma
Sin tiempo
Tus labios de polvo
Serán

Allá, lejos
Nueve años tienen todas las partículas de tierra
Y los árboles y las hormigas y el agua
Nueve años mueve el viento a su antojo
Negro es
Sin duda
Pero el foco rojo
Gotas de sudor
Refracta
Cristales de aumento
Con calentura y sin calentura
Luz incandescente
Sobre las hojas del árbol
Negro es
El túnel
Cuarto oscuro
Donde se revela el mundo
En sombras
Enrojecidos espectros
Docenas de murciélagos
Explotan
Afuera
Lo sé
Las voces lo dicen
Pero yo
Adentro
Sobre una cama inundada
Bajo lanzas de luz que atraviesan la madera podrida
Y se clavan
Con agujas de ciempiés
Dientes de hormiga
Sin cesar
Escalando mi cuello
Inmóvil caigo
Me hundo
Elevándome
La sustancia gelatinosa de la
[duermevela
Entra por mi nariz
Me ahogo
Entre sábanas de plomo
Escucho que las voces han atrapado
[un ser monstruoso
Rata de alas negras
Lo tienen ahí
Crucificado
Por la ciencia
De los nueve años
Lo sé
Lo escuché claramente
Lo escucho todavía
No hace falta ya la fiebre

Al fondo de esta caverna
Hay una salida diminuta
Por la que entra el mundo
Partículas de polvo girante
En un haz de luz
Al revés
Desierta claridad
Que los ojos
Llenan de formas
Aproximadas
Contundentes
Microscópicas
Revelaciones
Que la memoria
Guarda
Y la lengua
Repite
Inconexas

El silencio
Como la luz
Está en nosotros
Es la muerte que llevamos dentro
Cuando aflore
Nuestros oídos no podrán escucharlo
Como tampoco podrán hacerlo con música ninguna
Negro es
Como la luz
El silencio

Este poema forma parte de Como un pez rojo (UAM, 2016), volumen que reúne siete libros escritos por Juan Manuel Gómez entre 1996, año en que se publicó 3 cuadernos de navegación, y 2016, lo cual implica, para bien o para mal, 20 años de labor poética.

Luis Miguel Aguilar comenta que ciertas realidades “prometen una infancia mejorada”, y advierte que los poemas de Gómez “mejoran la infancia al ocuparse con singularidad y exactitud de ella misma”.

Publicado en la revista Nexos.
Y en el diario La Razón.
Reseña de Armando González Torres sobre el Pez Rojo en Casa del Tiempo, revista de la UAM, abril de 2017.
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