Ramón Xirau (1924-2017)

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Filósofo castellano; poeta catalán.

Ramón Xirau llegó a México en septiembre de 1939. Tenía 15 años de edad. Venía de Nueva York, con su madre, Pilar Subías, y su padre, el eminente filósofo y pedagogo español de la Universidad de Barcelona don Joaquim Xirau i Palau, a quien se debe, por cierto, el libro Vida y obra de Ramón Llull, que consigna que la tradición literaria más remota de la lengua catalana proviene del siglo XIII, de la pluma del prolífico poeta y alquimista mallorquín llamado Ramón Llull. El muchacho Ramón Xirau estudiaba en el puerto francés de Marsella cuando recibió el telegrama de su padre, que lo urgía a dejarlo todo y reunirse con él y su madre en París, de donde partirían rumbo a Nueva York. En los estertores de la guerra Civil Española, ante la inminencia de la ocupación de la ciudad de Barcelona por las tropas de Franco, don Joaquim aceptó la oferta de huir de la ciudad, junto con otros académicos y escritores, entre los que se encontraba, por cierto, don Antonio Machado, escondidos en una ambulancia. Barcelona fue tomada el 26 de enero de 1939, pero los tripulantes de esa ambulancia pararon a dormir esa noche, que sería la última noche que pasarían en España, en la ciudad de Viladasens, a 20 kilómetros del fuego franquista.

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Enero de 1939, los Republicanos huyen de la Barcelona tomada por Franco.

La familia Xirau llegó en avión a Nueva York, y de ahí tomó un autobús que cruzó la frontera con México y los llevó a Monterrey, y luego a la capital mexicana, donde sentaría su residencia definitiva. Don Joaquim se volvió maestro de tiempo completo de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución académica a la que Ramón Xirau dio la vida. Después de estudiar ahí la licenciatura y la maestría en filosofía (que concluyó en 1947), realizó estudios especiales en la Sorbona y en Cambridge, pero volvió a la UNAM y la hizo su casa. Asienta en su curriculum, en primer término y de manera destacada: “Dí mi primer curso en 1947”.

“Llegué a México –me contó en una entrevista que le hice en 2004– con los nervios alterados por la matanza entre españoles que fue la Guerra Civil. Por cierto, en Monterrey un señor le preguntó a mi padre: ‘¿Usted viene de España? Pues aquí se va a poner mucho peor’. Que susto tuvimos, pero por fortuna no pasó nada’”. Cuando le pregunté si se sentía parte de esa generación de intelectuales republicanos exiliados por la Guerra Civil española que crearon y consolidaron grandes instituciones académicas en México, me respondió que no, que él se había hecho aquí y que todo se lo debía él a México, y que por eso contaba ahora con la nacionalidad mexicana: “La generación de mi padre Joaquim Xirau, José Gaos y los filósofos e intelectuales que estuvieron aquí en la universidad, son los que aportaron algo a la cultura mexicana. Mi generación no aportó nada; si acaso recibimos, pues llegamos muy chamacos. En México se hizo mucha literatura catalana en los cuarenta, cincuenta y sesenta. Por el exilio. Josep Carner era uno de los grandes poetas. También Agustí Bartra, que fue maestro de mi generación y de muchos poetas mexicanos a través del grupo de La Espiga Amotinada”.

Además de su verdadera devoción por la UNAM, donde hasta donde la fuerza le alcanzó impartió cursos y seminarios sobre San Juan de la Cruz, Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Octavio Paz, Ramón Xirau fue profesor de enseñanza media en el Liceo Franco-Mexicano, la Universidad de las Américas y el Colegio Británico.

Entre los premios que recibió, mencionemos tan solo dos: el Internacional Alfonso Reyes (1988) y el Nacional de Ciencias y Artes (1995). Se le distinguió como Miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1994, Caballero de las Artes y Letras (1985) y de la Orden de la Legión de Honor (1991) de Francia (1985), y Comendador por parte de Italia (1971). Además que para sus investigaciones obtuvo las becas Guggenheim (1961 y 1966) y Rockefeller (1950, 1955 y 1956). Entre poesía y filosofía, Ramón Xirau ha publicado más de 40 libros. Y de su escritura destaca una característica radical: los libros de filosofía los ha escrito en castellano o en inglés, pero los de poesía siempre, invariablemente, los escribe en catalán.

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¿Es eso una reivindicación nacionalista?

Sí existe una reivindicación, claro que existe, pero lo importante es que haya una literatura. Por ejemplo, pensemos en este siglo. Cuando en la época de Franco se prohíbe escribir en catalán, esa medida resultó contraproducente. Porque propició que un mayor número de gente escribiera en catalán. Hay gente que vive en Cataluña y no es catalana, por tanto escribe en castellano. En el caso, por ejemplo de Juan Goytisolo y de sus hermanos que escriben, tengo la impresión de que escriben en castellano porque su lengua familiar en casa era el castellano, no el catalán. No sé por qué pero así era. En mi caso yo aprendí el catalán oyéndolo en casa, luego en la escuela, ya que era obligatorio cuando yo era chico.

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¿Cuál es la diferencia entre el discurso filosófico y la poesía?

El discurso de la poesía y la filosofía no son contradictorios. En mi caso la prosa la escribo en español, y la poesía en catalán. Escribí un libro en inglés, La naturaleza del hombre, en colaboración con Erich Frömm, que nunca se ha publicado en español, en parte por culpa nuestra, de Frömm y mía. No insistimos lo suficiente. Cuando tenía 12 años mi padre reunía gente de filosofía en la casa y yo me quedaba detrás de la puerta para ver que decían. No entendía nada, pero tenía curiosidad. He meditado sobre “la poesía como conocimiento” y he realizado varios trabajos al respecto, en relación con el silencio, con el sentido de la presencia y del tiempo vivido, la relación entre el mito y la poesía… La filosofía es más reflexiva, aunque también tiene que ver con la intuición. Es muy rara la manera en que empieza la poesía. No se sabe. A  veces un poema es producto de una imagen. A veces de un ritmo: no hay nada y ese ritmo comienza a llenarlo todo. Eso le pasaba a Paul Valéry. Él cuenta cómo toda su escritura proviene de un ritmo.

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¿Y luego traduce sus poemas al español?

No traduzco mis poemas porque no me sale bien. En México, Juan Espinaza, que está en el Colegio de México, tiene unas buenas versiones, pero las mejores las ha hecho un poeta que se llama Andrés Sánchez Robayna (Las Palmas, 1952). El libro se llama Poemas/Poemes (Ediciones Toledo, 1990). Toda mi poesía fue publicada primero en catalán, en Barcelona.

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¿En qué momento surge la poesía catalana?

Hay una importante literatura en catalán que se produce en las Baleares, en Valencia. El más conocido es Raymundo Lulio (o Ramón Llull, 1235-1315), que era mallorquín, y que escribió una obra imponente, que abarca poesía y filosofía. Es un gran poeta, sólo que en castellano se le conoce poco, a pesar de que hay una buena traducción. Lo que quiero decir es que a partir del siglo XIII existe esta literatura, que siguió durante los siglos XIV y XV. Hay un gran poeta, entre otros, del siglo XV que se llama Ausiàs March (1397-1459), que es Valenciano. Es curioso que de estos dos poetas, uno sea valenciano y otro de Mallorca, pero ninguno de Cataluña. Luego hay una caída a partir del siglo XVII. Hay poesía popular pero nada más. Desde finales del siglo XVIII hay un gran renacimiento que es el que dura hasta ahora.

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El alquimista mallorquín Ramón Lull, inventor de la literatura catalana.

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¿La dictadura fue un freno para la literatura catalana?

Durante la dictadura de Franco estaba prohibido escribir en catalán. Eso fue locura, absurdo. Un dato curioso es que en los años cincuenta una gran cantidad de libros en catalán se hicieron en México. Por ejemplo los libros que publican los monjes de Montserrat son exclusivamente en catalán. En cuanto a las editoriales catalanas, producen libros bilingües y también en castellano.
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xirau4En un bello libro titulado Ciudades, que Ramón Xirau escribió en 1969 sobre las impresiones de su paso por Italia, además de un ensayo puntual de varias páginas sobre Maquiavelo y Florencia, se hace una valoración de la arquitectura que quiero rescatar aquí, a manera de colofón de una vida dedicada a la reflexión sobre lo elocuente que es a veces el silencio: “De la misma manera que los silencios, las pausas expresan mejor las notas y las palabras para sugerirnos lo que las palabras directamente no dicen; el espacio de una iglesia, una casa, una capilla, una ciudad aspira a llenarnos de la misma comunión cálida, íntima, vívida con que puede llenarnos el silencio expresivo”.

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Texto publicado en Laberinto de Milenio.

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