Los libros del frío

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Muchos libros hablan del frío, ya sea como protagonista o personaje incidental, sobre todo aquellos escritos por autores que provienen de latitudes extremas, como la estepa rusa o los fiordos noruegos, para quienes lidiar con el frío inhumano es cosa de todos los días, pero entre todos ellos jamás encontré esa idea del hielo purificador, del espectro glacial que es una metáfora de “la nada”, que es “el origen de todo”. Siento un respeto milenario, una duda original, por el frío, por su poder destructivo y su capacidad de devolvernos regurgitaciones del pasado remoto, como el Ötzi, el hombre congelado hace 3500 años que apareció en la frontera austriaca-italiana en 1991, con todo su ADN intacto para fruición de los investigadores. Al mismo tiempo, cuando por la mañana recibo en la cara el golpe brutal de la ventisca helada y mi carne comienza a despertar con leves punzadas mientras miro una hilera interminable de montañas nevadas, no puedo sino sentirme enteramente vivo, sin pasado ni futuro, cobijado por un presente eterno. Me asalta la imagen del rostro aterrorizado del esquimal Ernenek cuando los hombres blancos irrumpen temeraria e irrespetuosamente en el mar congelado del Ártico sobre un trineo tirado por doce perros a toda velocidad: “¿¡Llevan por lo menos sus amuletos!?”.

Lee el ensayo completo en Nexos on line.

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